Este ejemplar de Bayán australiano que fotografié con la luz de la mañana, con sus raíces aéreas descolgándose desde las ramas más bajas hacia el suelo.
Pilar
Pilar
Un japonés, Pablo Kirose, que se hizo muy amigo mío, se enamoró de Sevilla hasta el punto de que le puso el nombre de Reyes a su unico hijo. Forma parte de una asociación que, sin ánimo de lucro, se dedica a promover la amistad con otros países regalando cerezos para plantar en las calles de sus capitales. Fue muy laboriosa la aceptación de varios centenares de árboles, que se plantaron en diversas calles del barrio de Salamanca de Madrid, pues la inspección del Ministerio de Agricultura no autorizaba su entrada en España por miedo a que se produjeran cruzamientos indeseables con nuestras variedades. Por fín se autorizó la entrada de una variedad de flores estériles. Todavía son árboles jóvenes y su floración no tiene punto de comparación con los plantados en las calles japonesas, pero te animo a que en la próxima primavera los disfrutes.
Un abrazo. Joaquín